Hennas y barros de color entender el pelo natural

 

El día que entendí que mi pelo no estaba enfermo, estaba cansado como yo


Durante mucho tiempo miré mi pelo como si fuera un problema más.


Que si se caía.

Que si estaba apagado.
Que si ya no respondía como antes.
Estaba cansado.
Dejé de exigirle resultados.
Y empecé a cuidarlo como se cuida algo frágil.
Con menos prisas.
Con menos juicio.
No como en los anuncios.
Con más vida.
Con menos pelea.
Que los dos seguimos aquí.

Probé productos, cambios, rutinas nuevas… buscando “arreglarlo”.

Hasta que un día, cansada, muy cansada, me miré al espejo de otra forma.

Y lo entendí.


Mi pelo no estaba estropeado.

Como yo.


Mi cuerpo llevaba tiempo luchando: dolor, médicos, incertidumbre, noches malas, preocupaciones. Días en los que levantarse ya era un esfuerzo enorme.

¿Cómo iba mi pelo a estar brillante y fuerte si yo apenas me sostenía?

Ese día algo cambió.


Dejé de tratarlo como un enemigo.


Con más suavidad.

Empecé a elegir cosas sencillas: barros naturales, agua templada, menos químicos, más paciencia. Pero sobre todo, más respeto.

Y poco a poco, sin darme cuenta, él también empezó a responder.


No de forma perfecta.

Pero real.

Con más cuerpo.


Hoy cuando lo toco, a veces pienso que somos compañeros de viaje.

Que los dos hemos pasado por mucho.

Y eso ya es bastante.




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